¿Ven a la pareja en el fondo? Yo los casé.

¿Ven a la pareja en el fondo? Yo los casé.

El 11 de agosto de 2017, durante unas horas, el condado de Santa Clara, California, me concedió la autoridad legal para casar a dos personas.

Y yo casi me había olvidado por completo de aquello.

Javier y Brenda son dos amigos puertorriqueños que conocí mientras vivía en el área de la bahía de San Francisco. Conectamos casi inmediatamente por una razón muy particular: tres personas de Caguas, Puerto Rico, habían terminado encontrándose a miles de kilómetros de su pueblo, en California.

Para 2017, Javier y Brenda ya habían construido una vida juntos. Aquella boda no era el comienzo de su historia.

¿Por qué decidieron casarse precisamente entonces? No recuerdo muy bien los detalles.

Y hay algo todavía más curioso: ni Javier ni yo recordamos exactamente cómo aquella decisión terminó convirtiéndose en otra bastante más extraña: que fuera yo quien los casara.

Lo que sí sé es que me tomé la responsabilidad muy en serio.

Hice los trámites correspondientes con el condado de Santa Clara y obtuve una autorización especial, válida por un solo día, para celebrar su matrimonio.

Y entonces escribí la ceremonia.

Algunas líneas del libreto de la ceremonia de 2017 Algunas líneas del libreto de la ceremonia que encontré años después.

Hace poco encontré el guion original.

En un momento les dije que, si permanecían guiados por su compromiso, "no por visiones religiosas o por ley civil, sino por su deseo de amarse y vivir juntos a plenitud y sin límites", ese compromiso les ayudaría a orientar la vida que estaban construyendo juntos.

Quería que la ceremonia fuera significativa, pero completamente secular. Y, aparentemente, mi versión de 2017 no era particularmente sutil al respecto.

Es prácticamente lo mismo que diría hoy.

Hay otros pequeños detalles en aquel documento que son inconfundiblemente míos. Una sección lleva por título "NOW THE GOOD STUFF". Otra dice simplemente: "Ring Ring?".

Aquello no era un manuscrito elegante, preparado para que alguien más lo leyera. Era mi guion de trabajo, escrito para que yo pudiera estar allí, con mi teléfono en la mano, casando a dos amigos.

Así que allí estábamos, en Carmel, junto a la costa de California, haciendo algo que probablemente ninguno de nosotros habría imaginado cuando nos conocimos, tan lejos de Caguas.

Brenda y Javier intercambiaron las palabras que habían preparado. Intercambiaron los anillos.

Y finalmente llegué a la frase que convirtió toda aquella peculiar situación en algo oficial: "En virtud de la autoridad que se me ha sido concedida, los declaro casados".

Y así, sin más, había casado a mis amigos.

Ahora, al revisar las fotografías y encontrar aquel viejo guion, me sorprende lo extraña que puede ser la memoria.

Recordamos los grandes capítulos de nuestras vidas: los lugares donde vivimos, los trabajos que tuvimos, las relaciones, las cosas a las que dedicamos años.

Pero escondidas entre esos capítulos hay pequeñas historias que, de alguna manera, terminan desapareciendo en algún rincón de nuestra memoria.

Hasta que una conversación las trae de vuelta.

Ah, sí.

Una vez casé a dos personas.

Javier y Brenda siguen siendo amigos muy cercanos y, casi diez años después, siguen casados.

Si aquella ceremonia tuvo algo que ver con eso, entonces creo que hice un buen trabajo.

Volver a toparme con algo que yo mismo había escrito años antes ya me había pasado cuando le di a ChatGPT un libro que escribí en 2009.

La memoria tampoco avanza en línea recta, igual que el tiempo se dobla sobre sí mismo cuando uno mira la historia de cerca.

Y encontrarme casando a dos amigos en una costa de California encaja perfectamente con la carrera que nunca planifiqué.


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