Lo Que Juan Tamariz Hizo en Realidad

Lo Que Juan Tamariz Hizo en Realidad

Juan Tamariz murió hace menos de dos meses.

Si sabes quién fue, probablemente te acuerdas del pelo, la risa, el caos y el violín imaginario. Si solo lo viste actuar en televisión, sería fácil pensar que eso era todo.

Tamariz también fue uno de los pensadores más influyentes de la magia moderna. Buena parte de ese trabajo ocurrió en un mundo que casi nadie fuera de la magia sabe que existe: magos sentados alrededor de una mesa tratando de entender qué pasa en la mente de un espectador cuando ve algo que sabe que debería ser imposible.

Tamariz pasó décadas pensando en eso.

El truco es apenas el principio

La manera obvia de pensar en la magia es que el mago sabe un secreto y tú no. Aprende el secreto, escóndelo lo suficientemente bien y puedes engañar a la gente.

Pero esconder el método no necesariamente crea buena magia.

Si hago desaparecer una carta, tu cerebro empieza a buscar dónde ponerla. Quizás está en mi otra mano. Quizás se me cayó. Quizás no estabas mirando la carta que creías estar mirando. Quizás la baraja es especial.

Puedo esconder el método a la perfección y aun así dejarte con una explicación razonable.

Entonces, ¿qué pasa en tu cabeza después de que la carta desaparece?

Esa pregunta se volvió una parte importante de una tradición de cartomagia española, y Tamariz pasó buena parte de su vida explorándola.

Esto no empezó con Tamariz

Arturo de Ascanio, otro mago español cuyo nombre es casi completamente desconocido fuera de la magia, ya se había acercado a la cartomagia con un rigor analítico poco común. La técnica importaba, pero también el ritmo, la atención, la naturalidad y lo que el espectador experimentaba.

Tamariz consideraba a Ascanio uno de sus maestros.

En 1971, los dos estuvieron entre los siete magos que fundaron la Escuela Mágica de Madrid. A pesar del nombre, no era una escuela convencional. Era un grupo organizado alrededor de estudiar la magia misma: trabajar problemas, discutir teoría, probar cosas, pelearse por ellas y compartir lo que descubrían.

Hasta publicaron un manifiesto describiendo lo que intentaban hacer. Roberto Giobbi le atribuye el texto original a Tamariz, que aparentemente se inspiró en André Breton y los surrealistas.

El propósito declarado era directo: estudiar la magia, mejorarla y encontrarle nuevas posibilidades.

Para un grupo de tipos haciendo trucos con cartas, se lo estaban tomando muy en serio.

¿Qué cree el espectador que pasó?

Una vez que miras la magia así, las preguntas cambian.

¿Qué vio el espectador realmente? ¿Qué cree que pasó, y qué explicaciones se le ocurrieron por el camino? ¿Puedes cerrarle esas posibilidades antes de que se dé cuenta de que las consideró?

Tamariz desarrolló una forma sistemática de pensar en esas explicaciones, a la que llamó soluciones falsas. En lugar de simplemente esconder el método real, el mago identifica las explicaciones disponibles para el espectador e intenta cerrarlas una por una.

También pensó en algo que yo nunca había considerado parte de diseñar un juego de magia: la memoria.

¿Qué va a recordar el espectador mañana?

Tamariz ya escribía sobre esto en 1973. Describía cómo crear huecos en la memoria de un espectador e incluso hacer que recordara detalles que nunca ocurrieron.

Cómo alguien reconstruye el juego después puede ser parte de su diseño.

En ese punto estás pensando en algo mucho más interesante que dónde quedó la carta. Estás pensando en la experiencia que va a tener otra persona.

El loco del violín

Esto es lo que ahora me parece graciosísimo de ver a Tamariz.

Se ríe, grita, se interrumpe, se distrae, hace ruidos raros y toca un violín imaginario. Las cosas parecen pasar a su alrededor por accidente.

Debajo de todo eso hay alguien que pasó décadas pensando en cuándo debe mirar un espectador hacia cierto lugar, qué debe creer, qué explicaciones deben seguir disponibles y qué podría recordar después.

Cuando sabes eso, el caos empieza a verse mucho menos accidental.

Compartir los secretos

Mi propia experiencia con la magia fue muy distinta.

Me interesé seriamente en la magia en Puerto Rico alrededor de 1988 y la practiqué semi en serio hasta 1996. Durante esos ocho años, la información era difícil de encontrar. Los libros eran difíciles de encontrar. Mucho de lo que podías aprender dependía de a quién conocías y de qué estaba dispuesta a enseñarte esa persona.

Había una jerarquía del conocimiento. Yo asumía que así era la magia y ya.

Aprender sobre Tamariz me llevó a la tradición española a su alrededor, donde encontré una cultura que no sabía que existía.

No le estaban revelando métodos al público. La magia sigue dependiendo de secretos. Pero entre la gente que la estudiaba en serio, había una tradición fuerte de intercambiar ideas.

Tamariz viajó el mundo enseñándoles a otros magos. Dio conferencias, escribió libros y pasó décadas estudiando magia con otra gente.

En una entrevista de 2019, describió la actitud de forma simple:

"Lo bonito es compartir."

Viniendo de un arte construido alrededor de secretos, eso me parece particularmente interesante.

La parte que casi nadie va a conocer

Por eso quería escribir sobre Tamariz.

Su aporte no fue un juego ni una técnica en particular. Fue una manera de pensar la magia.

La atención. La memoria. Las soluciones falsas. Lo que el espectador cree que pasó, lo que va a recordar después, y cómo todo eso puede tenerse en cuenta al construir una experiencia imposible.

Esas ideas ayudaron a formar la manera en que los magos modernos piensan su arte.

Ese es un tipo de aporte difícil de ver desde afuera. Puedes ver a alguien hacer un juego de cartas influido por esta forma de pensar y nunca enterarte de que hay todo un cuerpo de teoría debajo.

Penn Jillette resumió la influencia de Tamariz de manera mucho más directa:

"España tiene los mejores magos del mundo. La razón es Juan Tamariz."

Y luego está El Arcoíris Mágico.

Hace poco le escuché a su hija, Ana Tamariz, describir el libro como su hermano de cuarenta años.

Juan pasó unos cuarenta años escribiéndolo.

Es un libro enorme sobre magia al que le falta algo bastante inusual: juegos.

En cambio, trata sobre la filosofía y la psicología detrás de la magia. Lo que pasa en la mente del espectador. Cómo se construye lo imposible. Las ideas en las que Tamariz pasó casi toda su vida pensando, probando y afinando.

Cuarenta años pensando por qué funciona la magia.

Hace unas semanas pedí una copia.

Llegó mientras yo estaba de viaje, y ahora está aquí conmigo.

Creo que tengo lectura pendiente.

El caos de Tamariz esconde su construcción igual que las escalas invisibles de la magia desaparecen cuando el arte funciona.

Sus preguntas sobre atención y memoria son las que perseguí desde el otro lado en el vocero de prensa del cerebro.

Mis propios años de secretos guardados terminaron en un foro de magia con contraseña que manejé a finales de los noventa.


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