INTELICA - Instituto de Tecnologías Libres del Caribe
Primer grupo de INTELICA
En 2010, yo estaba completamente inmerso en el software libre y código abierto. Había publicado Economía y Productividad con Software Libre y había hecho una transición gradual del desarrollo en Windows hacia el uso exclusivo de herramientas de código abierto. Cambié Windows por Linux Mint, y todo mi entorno de desarrollo giraba ahora en torno al stack LAMP (Linux, Apache, MySQL, PHP).
Pero me topé con una pared cuando quise contratar desarrolladores.
En Puerto Rico, la educación tecnológica en ese momento estaba casi totalmente centrada en el ecosistema de Microsoft: Internet Explorer, .NET, Visual Studio, etc. (y tal vez en 2025 sigue siendo igual). No era difícil encontrar desarrolladores capacitados en países como Chile o Argentina, pero había algo que no cuadraba. ¿Por qué los desarrolladores puertorriqueños no veían lo mismo que yo? ¿Por qué seguían tomando el Kool-Aid sin cuestionar hacia dónde iba la industria?
Nunca encontré una respuesta clara, pero sospecho que tiene que ver con la mentalidad: estar entrenado para enfocarse en lo inmediato o en lo que piden las empresas locales, en lugar de tomar distancia y ver el panorama completo. Y aunque eso es comprensible, para mí no era suficiente.
Así que decidí: si no podía contratar desarrolladores locales, los iba a formar yo mismo.
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Enseñarme a Enseñar
Logré un acuerdo con una universidad técnica local para ofrecer un curso sobre HTML, CSS, JavaScript y PHP. No recuerdo los detalles económicos, pero se sentía oficial: tenía una institución respaldándome, proveyendo el espacio y promoviendo el programa. Eso le daba mucha credibilidad.
En ese momento, la guerra entre iPhone y Android estaba en pleno auge. Ya me había alejado del mundo Microsoft y estaba muy metido en el desarrollo multiplataforma. Con el panorama móvil dividido en dos, para mí estaba clarísimo: el único camino sensato era el desarrollo cross-platform.
Ahí fue que descubrí Titanium, una herramienta creada por una empresa llamada Appcelerator.
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Nace INTELICA
Publicidad del INTELICA
Más adelante ese mismo año, comencé a hablar con organizaciones locales en Puerto Rico, y una en particular—INTECO—creyó en mi visión. Se convirtieron en mis socios para lanzar un proyecto que llamé INTELICA (Instituto de Tecnologías Libres del Caribe). Me dieron un apoyo increíble, incluso cuando mis ideas eran "un poco locas".
Viajé a San José, California, para asistir a un entrenamiento con Appcelerator—no tanto por el contenido, sino para crear una relación y conseguir acceso a materiales de formación. Pero llegué temprano: aún no tenían un programa de entrenamiento formal.
Eso significaba que tendría que escribir el curso yo mismo.
Y mientras tanto, INTECO ya había confirmado al primer grupo de estudiantes.
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El Curso
La idea era cubrir 40 horas de contenido en 5 sábados—una cantidad enorme de material en poco tiempo.
Yo no sabía cómo escribir un currículo. No sabía cuánto tiempo me tomaría explicar cada concepto. No tenía ejercicios preparados. Pero me lancé.
Confesión: para cuando empezó la primera clase, solo tenía listo el contenido de ese día. Cada semana tenía seis días para preparar la próxima sesión.
El contenido era ambicioso para la época: • HTML • CSS • JavaScript básico • PHP y MySQL • Endpoints RESTful • Titanium (para apps móviles multiplataforma)
Al final del curso, los estudiantes habían construido un sistema completo: una app web para registro de estudiantes con login y operaciones CRUD, y una app móvil nativa (iOS y Android) que accedía al mismo backend vía API. Todo un ciclo de desarrollo cruzado, entre dispositivos y plataformas.
Incluso hoy, me parece una introducción sólida a esa mentalidad.
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El Reto Técnico
El laboratorio no era mío—no tenía control sobre las máquinas. Cada semana, los estudiantes podían terminar en una computadora diferente.
Para resolverlo, trabajé con mi papá para crear una distribución personalizada de Linux con todo preinstalado. Corría desde una memoria USB de 8GB.
El primer día del curso, las repartí. Los estudiantes podían comprarlas por $20 o devolverlas al final del curso. Quienes se la quedaban, tenían un entorno de desarrollo completo en el bolsillo—listo para arrancar desde cualquier lugar: casa, escuela, biblioteca, lo que fuera.
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Crecimiento y Tracción
INTECO se encargó de la promoción, y el Colegio de Ingenieros y Agrimensores de Puerto Rico acreditó el curso como horas de educación continua.
Ofrecí el curso completo de 40 horas por cerca de un año, y luego creé una versión intensiva solo de Titanium—10 horas en un solo sábado. Para ese curso, tenía un salón dedicado y la gente traía sus laptops. Yo llevaba café, agua y pizza. Se sentía como un verdadero hackathon.
James Lynn mostrando su certificado de INTELICA en un throwback
A finales de 2011, ya estaba pensando en el próximo paso. Perdí interés en el proyecto, dejé de promover el curso y lo dejé morir en paz.
Pero para entonces, ya era algo así como un experto en Titanium. Había enseñado a sobre 150 personas—una cifra que, en ese momento, me parecía enorme. Y tenía una historia que contar.
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El Próximo Capítulo
En julio de 2012, me mudé de San Juan, PR a Sunnyvale, California. Caminaba 15 minutos cada mañana hasta las oficinas de Appcelerator en Mountain View.
Me habían contratado para hacer relaciones con desarrolladores en Silicon Valley—algo que nunca había hecho antes y de lo que sabía poco. Pero me lo tomé en serio. Pronto pasé de ser Evangelista de Plataforma a Evangelista Principal, y eventualmente a Director de Relaciones con Desarrolladores y Entrenamiento.
¿Recuerdas que en 2010 Appcelerator no tenía un programa de entrenamiento que ofrecerme? Pues ahora yo dirigía el equipo que lo construyó. Círculo completo.
Mi gafete cuando participé como conferenciante en Yahoo!
Lideré todas las iniciativas globales orientadas a desarrolladores en la empresa. Para cuando me fui, la comunidad de desarrolladores había crecido a casi 900,000 personas.
También escribí lo que podría considerarse el libro más importante sobre Appcelerator—aunque claro, es fácil para mi decirlo. Disfruté muchísimo trabajar en ese libro. Más sobre eso en otro post.
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Mirando Atrás
Hoy todo parece haber fluido de forma natural, casi inevitable.
Pero no lo fue.
Fue caótico, estresante y lleno de incertidumbre. Dejé atrás la empresa que había construido durante más de once años, junto con mis conexiones locales, mi zona de confort, mi familia y mi hijo (de mi primer matrimonio).
Pero el futuro era brillante—y me estaba llamando.
Terminé viviendo en el área de la Bahía de San Francisco hasta finales de 2018, cuando me mudé a Ciudad de México.
Es increíble pensar que todo este viaje comenzó simplemente porque me frustraba cómo se enseñaba tecnología en Puerto Rico.
El libro de Titanium que escribí años después salió directamente de esta misma etapa con Appcelerator.
En esos mismos años también terminé hablando de tecnología libre en la televisión puertorriqueña.
Esto fue el preludio — tres años después estaba en Tokio dando una charla para Appcelerator.
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