El Misterio de Target Puerto Rico

Durante décadas he escuchado la misma historia.
No importa si la conversación ocurre en una barra, en una oficina o en una reunión familiar. De hecho, hace apenas varias semanas volvió a salir el tema en una reunión familiar, el mismo del que llevamos hablando en Puerto Rico por los pasados cuarenta años.
Tarde o temprano alguien siempre la menciona:
—¿Sabías que no hay tiendas Target en Puerto Rico porque ya existe un Target aquí?
Y casi siempre la reacción es la misma.
—Eso tiene que ser un cuento.
Porque después de todo, estamos hablando de una de las cadenas minoristas más grandes de Estados Unidos. Resulta difícil imaginar que una empresa local pudiera impedirle usar su nombre en una isla del Caribe.
Pero entonces descubres algo extraño.
Existe un Target en Puerto Rico.
No vende ropa.
No vende televisores.
No vende cereales.
Alquila carros.
La empresa se llama Target Rent A Car.
Y mientras intentaba averiguar cuánto de esta historia era verdad y cuánto era folklore boricua, encontré un detalle que hizo que todo se volviera todavía más absurdo.
El fundador se llamaba Enrique Blanco Rojo.
Sí.
Blanco.
Rojo.
El fundador de una empresa llamada Target.
Con una diana roja y blanca como logotipo.
A este punto uno empieza a sospechar que Puerto Rico fue escrito por Gabriel García Márquez y no por geólogos.
Si esto fuera ficción, probablemente alguien diría que el nombre es demasiado exagerado para ser creíble.
Según la historia de la empresa, Don Enrique fundó Caparra Motor Service en San Juan en 1964 como taller mecánico y estación de gasolina. Años después comenzó a ofrecer vehículos de reemplazo a sus clientes. Eventualmente descubrió que había una oportunidad mucho mayor en el alquiler de automóviles y lanzó Target Rent A Car a finales de los años setenta.
Hasta ahí no hay misterio.
Lo interesante es lo que ocurrió después.
Con el paso de los años comenzó a circular el rumor de que la cadena estadounidense Target no podía entrar a Puerto Rico porque la marca ya pertenecía a otra empresa local.
Y aquí es donde la historia entra oficialmente en territorio puertorriqueño.
Porque nadie parece conocer los detalles exactos.
Todo el mundo conoce solamente la leyenda.
El pequeño empresario local enfrentándose a una corporación gigantesca.
La empresa puertorriqueña con el mismo nombre.
La diana roja.
Y el señor que, para colmo, se llamaba Enrique Blanco Rojo.
Con el tiempo comenzaron a aparecer versiones cada vez más exageradas de la historia.
Que si Target Corporation le ofreció millones de dólares.
Que si nunca quiso vender el nombre.
Que si se vestía completamente de rojo y blanco.
No he podido verificar ninguna de esas historias.
Pero honestamente, tampoco me sorprende que existan.
Porque esta es exactamente la clase de historia que Puerto Rico adopta y transforma en folklore colectivo.
Especialmente cuando involucra a un empresario local aparentemente ganándole una batalla invisible a una corporación gigantesca estadounidense.
Y justo cuando parecía que la historia no podía ponerse más absurda, alguien me comentó otra posible teoría detrás del nombre.
En inglés, el centro de una diana se conoce como bullseye.
En español:
"dar en el blanco."
Así que ahora existe la posibilidad de que una empresa llamada Target, fundada por Enrique Blanco Rojo, usando una diana roja y blanca, haya sido además un juego bilingüe escondido a plena vista durante décadas.
Honestamente, a este punto ya no sé dónde termina la realidad y dónde empieza Puerto Rico.
Y quizás eso es lo más interesante de todo.
No importa si cada detalle es completamente cierto.
La historia sobrevivió porque se siente cierta.
Tiene todos los ingredientes perfectos:
Una megacorporación americana.
Una empresa local.
Una disputa misteriosa.
Décadas de rumores.
Y un personaje con un nombre tan perfecto que parece inventado.
Quizás algún día alguien encuentre documentos que expliquen exactamente qué ocurrió.
Quizás no.
Pero sospecho que para entonces ya no importará demasiado.
Porque algunas historias sobreviven no por ser verificables, sino por ser demasiado buenas para desaparecer.
Y esta es una de ellas.
Porque al final, más allá de marcas registradas, abogados y leyendas urbanas, lo que realmente mantiene viva esta historia es lo absurdamente perfecta que suena.
Una empresa llamada Target.
Una diana roja y blanca.
Y un fundador llamado Enrique Blanco Rojo.
A veces la realidad parece escrita por alguien con demasiado tiempo libre.
Y honestamente, qué bueno que Don Enrique no se llamaba Ronald Rojo Amarillo.
Porque entonces probablemente hubiese terminado peleando con una corporación todavía más grande.
No es la primera vez que me detengo a pensar qué historias merecen sobrevivir y por qué — lo trabajé más despacio en una piedra para el mañana.
Don Enrique fundó un taller en 1964 sin imaginar que la verdadera vida de su empresa sería esta leyenda — algo parecido conté sobre la relación con nuestras creaciones.
Esa atracción humana por las ficciones que se sienten ciertas la trabajé desde otro ángulo en este es mi 42.
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